
Juan Carlos Cisneros es un doctor en paleontología, es decir, persona que se encarga de estudiar los huesos de los animales antiguos y reconstruir su hábitat, su forma de vida y sus quehaceres prehistóricos. ¿Quien mejor que él para una clase sobre evolución de las especies?, bajo ese criterio dejé rodar mi amistad y pedirle que impartiera una clase a mi grupo de estudiantes de Introducción a la Antropología. Juan Carlos, aceptó, justamente semanas antes de partir para Brasil.
Pactamos en la fecha, 16 de marzo, viernes, a las 18:30 horas, en el edificio 118, en el aula número uno de la Universidad Tecnológica, con la atención –faltaba mas, faltaba menos!- que de recogerlo a su domicilio y llevarlo a través de las caóticas calles de San Salvador a la universidad.
Los Beatles sonaron cuando inserté el CD de “Love”, eso al salir de la colonia Jardines de Guadalupe, sorteamos varios vehículos con el fin de burlar el enorme tráfico que se forma en las calles principales y llegamos a la calle Gerardo Barrios. Para entonces el track cinco de los Beatles iba a toda marcha, mi canción favorita, "I Am the Walrus" sonaba. Juan Carlos hablaba de las conchas fósiles de Metapán, de cómo se habían formado el yacimiento que actualmente es explotado por varias cementeras, nuestra ciudad esta hecha de fósiles pulverizados.
Tres carros pasaron, la luz del semáforo de la 25 avenida y la Calle Gerardo Barrios cambió, en el mismo lugar hay dos gasolineras, Texaco y Shell que con seguridad tienen un acuerdo de precios y un sitio donde por años una tienda de variedades se instaló, Regalos "Bets" y donde de 10 años fui sorprendido robando juguetes, hecho que marcó mi vida (como el regaño y dos buenos cinchazos) para convertirme en alguien que se niega a sustraer algo ajeno.
Me detuve en la luz roja, “Entonces, lo que hay en Metapán es una veta de fósiles?”, pregunté, quizás Juan Carlos estaba por contestar cuando en ese momento frente a nosotros un tipo se coloca apuntándonos con una arma, aún con luz solar de una tarde calurosa y frente a una multitud de carros estábamos siendo asaltados en vía pública.
Con el rabillo de mis ojos veo una sombra que se mueve detrás del auto, por el espejo lateral advierto que el tipo trata de sacarse un arma debajo de su camisa, es ahí, en milésimas de segundo, tomé la decisión de echar a correr mi carro. Casi como un conejo el vehículo hizo alarde de la propaganda con el cual la empresa Mazda supone vender el auto, “ZOOM ZOOM” y respondió con todos sus caballos de fuerza con un jalón como los que solo se ven en películas.
Apenas giré el volante y mi carro tomó por la 25 avenida, sorteando carros, me metí en el carril de sentido contrario y luego de un dobles más y gire en una calle despejada, luego de cuatro cuadras, Juan Carlos me dice, que si no nos asesinan ellos nos matamos en un choque. Que le baje a la marcha.
Frente a la iglesia Perpetuo Socorro, unos cinco minutos después, mis piernas me temblaban sin parar, llegamos a la universidad como sin nada pasara. Ahí entre risas nerviosas hicimos cuenta de el botín que perdieron los pillos, varios libros, dos laptops, un proyector multimedia de la Asociación de Astronomía, mi Mazda 3 y una copia plástica de un cráneo de un Australopiteco Africanus. eso, si acaso no nos hacen un secuestro exprés.
Bien, aquí estoy luego de 24 horas del incidente, regresé en la mañana al lugar, a una de las gasolineras que pactan el precio del combustible con la competencia, para preguntar que había sucedido ayer que escapamos, el “maestro” de la bomba de gasolina que vio el asunto dice que se escondió cuando sucedió, aparentemente los ladrones se dieron a la fuga en un vehículo azul que los trasportaba. Por un momento no me pareció tan descabellada la idea de escapar a 100 kilómetros por hora.
A pesar de que todo ya pasó, la secuencia se repite en mi cabeza una y otra y otra y otra vez, ahora, quizás con menor frecuencia que anoche. ¿Que pasó con los asaltantes?, quizás nunca esperaron esa reacción demasiado descabellada, ¿o quien sabe? Quizás después de todo tenían mala puntería o estaban hartos de esta ciudad inmunda y peligrosa, supongo que para ellos tambien debe de ser duro "ya no se puede robar como antes", deben de decir "ahora, cualquiera anda armado".
Solo recuerdo que cuando escapábamos Juan Carlos se agachaba en su asiento, algo que yo trataba de hacer esperando no ser alcanzado por alguna bala y evitando estrellarme contra los carros.
La clase se dio como si nada hubiera pasado.
El show tiene que continuar.







