Entro en un elevador de un centro comercial, me voy al fondo y me apoyo contra la pared, inmediatamente entran dos mujeres, una lleva una bebé que no llegará ni a los ocho meses, la acarrea en un cochecito, la madre tienen talle de extranjera, con seguridad europea, se agacha le dice algo a su hija en otro idioma, pero no logro comprender la lengua, apenas le susurró al oído a la niña.
La otra mujer es salvadoreña, al entrar al elevador hablaba por teléfono, dejó de hablar, parece que se le cortó la señal cuando las puertas se cerraron.
Mientras descendíamos de piso a piso noté que la niña me observaba con unos enormes ojos azules, que contrastaban con una carita blanca y una inocente risa, me dio ternura y le contesté su agradable e infantil gesto con otra sonrisa.
El ascensor se detuvo en el primer piso, abrió sus puertas y la madre empujó el cochecito con el bebé afuera, yo y la otra mujer nos quedamos, vamos al sótano, cuando la puerta se cerró, la mujer inmediatamente me dijo:
La otra mujer es salvadoreña, al entrar al elevador hablaba por teléfono, dejó de hablar, parece que se le cortó la señal cuando las puertas se cerraron.
Mientras descendíamos de piso a piso noté que la niña me observaba con unos enormes ojos azules, que contrastaban con una carita blanca y una inocente risa, me dio ternura y le contesté su agradable e infantil gesto con otra sonrisa.
El ascensor se detuvo en el primer piso, abrió sus puertas y la madre empujó el cochecito con el bebé afuera, yo y la otra mujer nos quedamos, vamos al sótano, cuando la puerta se cerró, la mujer inmediatamente me dijo:
-Los ojos de esa niña eran bellísimos!,- me doy cuenta que lleva unos lentes de contacto café claro que le dan una mirada un tanto artificial.
-¿Usted cree?, ¿le gusta los ojos color azul? – le pregunto
-Sí, muchísimo, esa gente, es la mejor raza
En su afirmación gritaron siglos de estructuras coloniales y años de blanqueamiento, blanqueamiento que contradictoriamente se afirmó aun más cuando fuimos república, negamos cualquier resquicio de lo indígena, y borramos de una vez y para siempre lo africano.
Queremos ser modernos, ergo, en función al progreso queremos ser cualquier cosa menos nosotros mismos, negamos nuestro pasado y construimos el futuro con vacíos existenciales, por eso lo único que nos ha quedado es el simulacro, la artificialidad, la falsedad y los lentes de contacto de colores.
Queremos ser modernos, ergo, en función al progreso queremos ser cualquier cosa menos nosotros mismos, negamos nuestro pasado y construimos el futuro con vacíos existenciales, por eso lo único que nos ha quedado es el simulacro, la artificialidad, la falsedad y los lentes de contacto de colores.
