Showing posts with label Guerra Civil El Salvador. Show all posts
Showing posts with label Guerra Civil El Salvador. Show all posts

Sunday, January 22, 2012

Olvido


Aquí no ha pasado nada.
El Salvador tiene un problema de memoria.
Hemos hecho del olvido una institución, borramos de nuestra memoria los golpes de Estado, los terremotos, las erupciones volcánicas, los asesinatos, las masacres, etc. 
Por eso, cada vez que nos viene un terremoto, parece que fuera la primera vez que sufrimos una hecatombe.
Tenemos una ensalada de temas que son una continua lucha entre el olvido y el recuerdo; por ejemplo, los asesinatos ocurridos durante la guerra civil. Tratamos de recordar a los muertos y desaparecidos, pero nos contraatacan grupos empeñados a que olvidemos. Nos invitan a dejar el rencor, que los dolientes extirpen el dolor de su corazón y que se cierren las heridas, que veamos al mañana, al futuro glorioso, que trabajemos fuerte, que no pensemos en el ayer, que el pasado no existe, que le demos vuelta a la página de la historia. 

Y nos tienen pasando la página de la historia todo el tiempo.

Hace casi un mes, la Iglesia Católica destruyó un mural que adornaba la entrada a la Catedral Metropolitana. Independiente del gusto estético de cada quien, fue un acto de barbarie, el mural era una creación artística y el arte merece respeto.
Si era preciso desmontarlo, había que hacerlo de una forma digna, llenando los requerimientos técnicos para proteger el trabajo del artista, quien es uno de los artistas nacionales más influyentes en la cultura popular salvadoreña.
La destrucción del mural fue planeada, creada en la mente –criminal- del arzobispo de San Salvador José Luis Escobar Alas. Se colocó un enorme toldo para que evitáramos horrorizarnos con el desastre, se trabajó a toda velocidad y oportunamente se escogió la vacación de fin de año para demolerlo, de esa forma se impediría alguna reacción del Gobierno.
Después del crimen contra el arte, el arzobispo resolvió con mentiras, excusas que de paso insultaron nuestra inteligencia, finalmente terminó haciendo uso de su prepotencia: “Era mi derecho”.

Escobar Alas terminó ganando,  el tiempo, la corta memoria del pueblo y la manipulación de la palabra divina fueron sus aliados. El Estado y sus instituciones cayeron rendidos bajo su mismo peso legalista y leguleyo.

Ni habían terminado de recoger el ripio y algunas voces ya nos invitaban a olvidar, en los foros algunos decían que el muro destruido estaba y que destruido se quedaba, que era un tema cubierto y pasáramos a otra cosa. Varios periodistas que cubren notas de violencia, se quejaban que nuestra sociedad se indignaba con la destrucción al arte y no con temas importantes, por ejemplo: los 12 muertos diarios.

Hoy el mural nos parece de otro tiempo, en pocos meses lo olvidaremos y nos parecerá un sueño, en un par de años será una curiosidad histórica y cuando seamos ancianos y alguno de nosotros trate de recordarlo; los niños de hoy, que entonces serán adultos, nos tomarán por viejos chiflados poseedores de esa malograda práctica del recuerdo. 
Para entonces nosotros seremos del pasado, condenados al olvido. 
Y aquí no ha pasado nada.




Nota al pie: Esta mañana de domingo se reunió un grupo de artistas todavía indignados frente a Catedral exigiendo reconstruyan el mural. Por otro lado, la Catedral fue tomada por un grupo de desmovilizados de la exguerrilla.
La foto superior la tomé desde el Palacio Nacional en Julio de 2008.

Friday, January 20, 2012

Los 20 años de los Acuerdos de Paz



El 16 de enero se cumplieron 20 años de los Acuerdos de Paz con los cuales le dio fin a la guerra civil que desangró a El Salvador desde 1980 hasta 1992. 


Nunca creí en la paz.

Principalmente porque era demasiado bueno para ser verdad, me sumé a los miles de salvadoreños que guardaron cierto escepticismo en su corazón. Creía que tarde o temprano algún bando rompería la tregua y regresarían los combates.

Soy de la generación de la guerra, crecí con ella, por eso mi desconfianza inicial a los acuerdos. No me figuraba una realidad nacional sin ella, era mi cotidianidad. No guardo memoria de un tiempo antes de la guerra, si los hay, son apenas fragmentos de cosas triviales. Los recuerdos más fuertes llegaron con el conflicto.

De mi familia siempre escuché advertencias que “está peligroso”, “tené cuidado hijo”, “mejor no salgás”, recomendaciones que me conformaron una psicología con tendencia al temor, a la sospecha, a estar alerta ante el peligro.

Fui uno de los miles de niños que crecimos escuchando tiroteos y bombazos, teníamos la capacidad de reconocer el arma a distancia con el sonido del tiro, y con ello saber quienes eran los combatientes, si la guardia, si la policía o el ejército y que armamento contaban los guerrilleros. Fui de los que temblaron con una bomba que estalló a menos de 20 metros de donde yo estaba, he escuchado tantas bombas explotar, que perdí la cuenta.

En ese entonces vivía una casa céntrica, cerca del Parque Cuscatlán, no recuerdo cuantas veces corrí espantado por las bombas que los comandos urbanos detonaron en las empresas vecinas, nosotros éramos una isla de civiles en un campo de batalla.

El colmo llegó una tranquila noche de 1983 cuando un ataque con bombas molotov incendiaron el taller de la empresa Fiat, el cual colindaba con nuestra casa. El incendio devoró todo el lugar, las grandes llamas amenazaron consumir nuestro hogar, esa desesperación de no poder hacer nada, de sentir el calor cerca y los bomberos evacuándonos no me ha abandonado.

También perdí memoria cuantos tiros escuché, sobre todo en la ofensiva hasta el tope. Con menos de 10 años fui encañonado junto con mi familia por un retén guerrillero en Usulután, los cuales nos pidieron colaboración.  Y de adolecente, escapé de un reclutamiento forzoso por la Fuerza Armada. Todas estas lamentables experiencias han quedado para siempre conmigo y es parte importante de lo que yo considero mi salvadoreñidad, una identidad forjada a fuerza de balazo, bomba y violencia.

Por eso no me lo creía.

La misma noche de la firma de los Acuerdos, el FMLN y el gobierno organizaron por separado una celebración, unos en la Plaza Barrios y otros en Plaza Libertad. Con varios amigos asistí a las celebraciones, a pesar que los discursos que hicieron los contendientes, en donde ambos parecían haber ganado la guerra, la fiesta me pareció una alucinación.

Nunca imaginé que tanta gente hubiera estado involucrada clandestinamente al trabajo de la guerrilla, incluso vecinos que sin ocultarse ya, expusieron públicamente su preferencia política portando banderas rojas.

Cuando ambas celebraciones terminaron y los asistentes ya cansados comenzaron a retornar a sus casas, por primera vez vi gente con chaleco de ARENA junto con personas llevando pañoletas del FMLN, pasaban unos a lado de los otros sin hacerse daño, al parecer nadie supo como lidiar con esa contradicción política, solo se quedaban viendo entre ellos. Era algo nuevo.

Entonces los días se me hicieron esperanzadores.

Sin guerra pude descubrir un país que por los continuos combates me fue negado durante toda mi niñez. Finalmente conocí Morazán y el norte de Chalatenango sin temor de morir en fuego cruzado.

Pude leer públicamente libros que habían sido considerados prohibidos por el gobierno, era esperanzador salir a caminar con un libro de Dalton, de Marx o de Engels sin problema que las autoridades me arrestaran, nunca más tuve que evitar caminar cerca de cajas telefónicas por temor de salir volando en pedazos por un explosivo guerrillero.

La aceptación personal de la paz fue un proceso muy lento, en el cual me fui convenciendo que la cosa finalmente iba en serio y que los cañones se habían callado para siempre.

No me di cuenta cuando la guerra comenzó a desfigurar su recuerdo en la colectividad, en ocasiones me asombra como los salvadoreños tenemos tal capacidad para olvidar ciertas cosas. Ahora nadie habla de las minas que mutilaron y asesinaron a tanto niño en el campo, algo que era tan cotidiano y público, yo mismo recibí instrucción de la Cruz Roja Internacional en mi centro de estudios para no tocar ninguna pelota, juguete o lata de conserva en el campo, pues podría ser una mina.

Poco a poco la guerra se fue transformando en una caricatura, en películas tragicómicas y libros de gestas fantásticas, con héroes maravillosos y villanos acartonados.

Aunque la guerra sigue con nosotros, me sorprende como los jóvenes han reformulado la guerra en sus mentalidades, ahora es una definición política, en el mejor de los casos, en otros, es apenas un pasado distante, remoto y en blanco y negro.

Para ellos es el hoy, donde hay otra guerra y otra violencia.

Los consejos de “está peligroso”, “mejor no salgás” que tantas veces me recomendó mi familia durante la guerra me asaltan de nuevo.

Creo que he vivido con demasiado miedo en este país.


Memoria publicada en periódico El Faro
Fotografía por Peter Strandberg

Wednesday, March 23, 2011

Obama en El Salvador



Siempre he tenido la idea que El Salvador es un microcosmos de absurdas contradicciones, una especie de aldea en donde la gente representa un sinnúmero de papeles entre drama y humor, como en Springfield de los Simpson, pero un Springfield aun más obtuso, digamos macondiano.
Las ultimas semanas el microcosmos salvadoreño sufrió una sacudida, llegó la noticia que Barack Obama llegaba a visitarnos, y desde ese mismo instante surgieron las expectativas, cada quien con la suya, que cada cabeza es un mundo. Ocurrieron cosas curiosas,  mientras los días de la gira pasaban, notamos como las instituciones de gobierno funcionaban de una forma eficiente, en pocos días el ornato de la ciudad mejoró notablemente, se pintaron (aunque sea de fachada) el Teatro Nacional y la Biblioteca, se sacaron los buses del centro de la capital, se pintaron aceras, las calles lucieron seguras, limpias y sin baches. Se aplicó la máxima que dice “Hay que arreglar la casa cuando llegan visitas”, un absurdo, pues siempre debería de ser así, pero claro, deben de suponer nuestras autoridades que entre nosotros hay confianza. Absurdo, uno no espera que los parisinos limpien los Campos Elíseos solamente cuando hay un evento importante, es algo continuo, el ornato y la estética debe de ser permanente.
Me di cuenta que a pesar de limpiar y poner a punto la ciudad, los famosos rótulos de acera (MUPIS) son tantos como vendedores ambulantes en el centro, prácticamente esos adefesios comerciales se han tomados las calles, es necesario establecer una cruzada contra ellos pues arruinan la poca estética que nos queda. Y por si fuera poco, los cables que conectan los servicios de telefonía, datos y electricidad a toda la ciudad ponen el otro 50% de la contaminación visual. Si los MUPIS lo hacen en el suelo, los cables lo hacen en el cielo, es caro, pero es de evaluar si en calles principales no sería más seguro y estético (aunque caro en un inicio) tener los cables bajo tierra

Lo más pintoresco se encuentra en las opiniones de la gente en relación a la visita presidencial, algunos lo reciben emocionados como si fuera uno más de la farándula, otros lo reprochan utilizando sus tradicionales consignas, y algunos solo son peticiones, que la reforma migratoria, que el TPS, que la guerra contra el  narcotráfico. Unos arman protestas, otros se jalan el pelo pensando en las calles cerradas por las mismas protestas y por los operativos de seguridad. Algunos salen de graciosos, hubo un tipo que inventó la Pupusa Obama, basado en maíz negrito, dejando fuera la grosería que representa la cuestión de la pupusa negra –desde el punto de vista de la sociedad estadounidense- juraría que es parte de un sketch de SNL. En las televisoras y periódicos hemos visto y leído a los “opiniólogos” que con su acostumbrada autoridad hablan de la llegada de Obama y como suele ser, que siempre tienen una opinión para cualquier cosa en su carácter de “expertos” se llenan la boca hablando de las implicaciones políticas, económicas, de seguridad, de geopolítica, bla, bla, bla de la visita. Por otro lado vemos a los medios de comunicación que corren de un lado a otro, tratando de aruñar alguna nota y soñar por un momento que son alguna cadena internacional del corte de CNN, los chistes y comentarios en el Facebook y Twitter están en sintonía con Obama, se dice mucho.
Pero creo que entre lo más emblemático de la gira por El Salvador es  la visita a la cripta de Monseñor Romero, una actividad totalmente política, pero que genera un terremoto en nuestras mentalidades polarizadas, rompe el esquema de la guerra fría y de las identidades políticas que se han construido desde entonces, la cripta es un lugar simbólico, nos dice “algo”, en realidad nos dice muchas cosas de quienes somos los salvadoreños, y que Obama esté ahí implica que el representante de uno de los participantes (aunque no directo de la guerra civil) considera a bien dar un paso, darle vuelta al calcetín histórico y reconocer de cierta forma lo que hay que reconocer.
Cuando vemos las imágenes de Obama junto a Funes frente a la cripta caemos en cuenta que el siglo XX ha quedado atrás, los esquemas que hemos estado acostumbrados ya no tienen sentido más allá de nuestras diminutas columnas de Hércules o simplemente como ilustración, el mundo hace ratos que  va por otro lado.
En todo caso, ha sido más fácil que un presidente de Estados Unidos venga y visite la tumba del arzobispo asesinado que alguno de nuestros ex presidentes lo haya siquiera imaginado.
Romero abrió y ahora Romero ha cerrado.


Extra: Hasta el momento de escribir este post, parece que Obama no visitará el sitio arqueológico Joya de Cerén y San Andrés, una pena para la arqueología nacional, pudo ser la oportunidad para establecer líneas de apoyo, becas para investigaciones, mucho más allá de Fullbright, tomando en cuenta que el actual residente de la Casa Blanca siempre ha sido proclive a la ciencia y a la educación.

Thursday, September 16, 2010

Eso que llamamos Patria



Los últimos años he notado un aumento en criticar las festividades de independencia nacional.
En el mundo académico es constante alejarnos del sentimiento patriotero, parece que nos urge hacerlo. No sucede lo mismo en otras esferas; en este caso, las fiestas nacionales se celebran y se reducen a las banderas, a los colores y a las bandas estudiantiles con sus “cachiporristas” que marchan por las avenidas soplando trompetas y dándole a los tambores. Este diseño de fiesta patria tiene un contenido lúdico y emotivo, es una celebración sin el mayor contenido que la fiesta en sí misma. Otros, prefieren no celebrar porque están convencidos que no hay nada que celebrar, que la independencia es “paja”, ¡caput!.

Hubo un tiempo que la fiesta tenía un significado para mí, durante mi vida colegial preparaba junto a mis compañeros un mural cívico, alguien se encargaba de hacer las cadenas de colores con papel crespón, otros preparaban banderitas; y yo, que siempre tuve cierta capacidad para el arte me tocaba dibujar los símbolos patrios, sobre todo a  mi favorito, el prócer José Matías Delgado.
Hay que saber que el mentado prócer es fácil de reconocerlo porque en la mayoría de imágenes aparece de perfil luciendo una enorme nariz. En algún momento  dispuse dejar a Matías Delgado más narizón que el año anterior, el plan funcionó un par de septiembres hasta que mi buen amigo Ricardo Barahona quien siempre tuvo mejor aptitud para el dibujo me reemplazó; en buena hora, de lo contrario seguro terminábamos celebrando la gesta independentista de Pinocho.

Ya en serio, el diseño de Patria que nos inculcan en la escuela es producto de un interés del Estado, así como en la religión nos dan catecismo, en la escuela nos enseñan  Patria, existe un ministerio de educación que se esfuerza en preparar currículos alrededor de dicho concepto. No se asusten, todos hemos sido educados de esa forma, sino le dicen a un niño que la bandera azul y blanco tiene una concepción mucho más compleja que una tela de colores, con dificultad caería en cuenta que representa un colectivo que el Estado administra. Y es que el dichoso Estado se baña en una ideología, vea el siguiente ejemplo: yo que soy de la generación de la guerra civil recuerdo cuando el Gobierno obligaba –aun lo hace- a trasmitir el Himno Nacional al cierre de las cadenas de televisión, no había que ser un adulto para darse cuenta que en el estribillo que dice “Le protege una férrea barrera contra el choque de ruin deslealtad” aparecía una imagen la imagen de unos soldados marchando y luego un guerrillero del FMLN disparando, noten la trampita ideológica; ahora, aunque la tortilla ya dio vuelta y el devenir histórico llevó a los que en algún momento representaron el “ruin deslealtad” al gobierno, el Estado –donde ellos son parte- sigue una ideología determinada.
Dentro de toda esa parafernalia ideológica nos encontramos con el discurso independentista, los que abjuran de nuestra independencia tienen que entender que la independencia no es un absoluto, la independencia es una utopía, es un camino, un andar, un concepto liberal del siglo XVIII y XIX. Quizás ahora ante nuestra realidad nos puede parecer risible, pero es que en estos tiempos de incertidumbre es difícil que nos traguemos estas utopías, sobre todo, porque vivimos en un mundo globalizado.
¡Gran problema!, somos tan independientes como nuestra circunstancia nos permite, y hay que ver que lo seremos de acuerdo a ciertos intereses internos, si nos venden la idea de una independencia pura y llana habría que demandar al Gobierno ante la Defensoría del Consumidor por propaganda engañosa.
Tengamos presente que los firmante del acta de separación de España, conocido ahora como Acta de Independencia tampoco habían pensado seriamente en ser independientes, pocos meses después nos estábamos anexionando a México. Para algunos la anexión fue el acabose y terminaron por levantarse en armas, uno de ellos fue nuestro querido Francisco Morazán, que con un ejército de hombres descalzos y de  escuálidos caballos se enfrentó a  fuerzas guatemaltecas y mexicanas. Luego que México ( por razones internas)  se retirara de Centroamérica, nos quedamos solos, y por pura sustracción histórica nos vimos obligados a construir una federación. Dicho y hecho, pero más tardó la federación en erigirse que nosotros en darnos de madres, se formaron dos bandos, los liberales por un lado y los conservadores por el otro. Y así se fue desgastando la frágil Centroamérica, a tal punto que la federación terminó en nada y El Salvador se declaró en  república independiente el 22 de febrero de 1841,  ni modo, comenzamos nuevamente a andar más solos.
Entonces, ¿Qué es eso llamado patria?,
Hay varias definiciones, Severo Martínez Peláez con su “Patria del Criollo” nos dice que nuestra patria es un sueño que les cuajó poco a poco a los criollos al oponerse a los peninsulares, por contradicciones económicas internas pues.
Con la popularidad que ha alcanzado las teorías de la conspiración, es usual encontrarnos con la tesis que la independencia fue un complot de las clases pudientes, dicha postura se encuentra  adecuadamente comprobada por los análisis políticos que algunos colegas historiadores han hecho. Pero “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”, algunos ven en el pasado la representación fiel de las fuerzas políticas actuales firmando el acta de la independencia, un completo absurdo, estos consideran que el concepto de Patria actual es la hija bastarda del interés con una supuesta independencia, una superchería más de tantas otras.
Regresemos a la Patria como discurso propagandístico del Estado y con el 15 de septiembre como su génesis. El Estado urge que le prestemos atención, de no hacerlo nos constriñe y se encarga de motivarnos a palos, por eso vemos a los militares marchando por las calles en estos días de celebración, es momento de enseñar el garrote.
No somos libres dijo Durkheim, cosa cierta, el Estado va más allá y le urge transformarse en supraorgánico y colocarse junto a la cultura, o incluso dominarla y someterla, por eso vemos continuamente discursos estatales con el fin de transformar nuestra cultura, el armatoste para la administración nos avasalla y no nos damos cuenta.
¿Entonces Patria es igual a Estado?, pues no, Patria es la emotividad que tiene la Nación de sí misma, cosa que es fácilmente manipulable de acuerdo a los intereses ideológicos del Estado. Notemos algo interesante, antes de la llegada de los españoles ya habían señoríos por aquí, el último –que ahora llamamos pipiles, pero no sabemos cómo se llamaban a sí mismos- estaba ubicado en las cercanías de Antiguo Cuscatlán y los españoles terminaron por desmantelarlo, no dudo que los antiguos cuscatlecos tuvieran su Patria y su Estado (muy diferente al nuestro por supuesto), y a pesar de su amor y resistencia terminamos en otra cosa, un Estado desapareció y otro régimen se impuso; luego, con el tiempo dicho sistema colonial ya no fue, y terminamos con armar un Estado Federal que se abortó a los pocos años, así de tumbo en tumbo y por pura casualidad hemos terminado en una etapa republicana, conociendo la historia no daría seguridad que el nuestro actual Estado continúe por la eternidad, la república puede ser cualquier cosa pero no infinita.
Dagoberto Gutiérrez ha dicho que somos salvadoreños en cuanto no somos guatemaltecos, hondureños, nicas o ticos, creo que tiene razón,  yo le agregara que esta nación salvadoreña creada por el Estado es un intento homogenizarnos ante otras naciones que viven o vivieron en nuestra tierra, las naciones indígenas las han hecho tan invisibles que algunos indios preguntan extrañados si realmente existen indios en este país. Otra nación que despareció fueron los mulatos y africanos,  fue blanqueada lo suficiente para que sus tataranietos consideren que África es completamente ajena a nuestra cultura, sus descendientes lo ven como cosa de otro mundo.
La gran fregada es que no tenemos otra Patria, y como se trata de emotividades, la Patria nos persigue como aquellas relaciones amorosas complicadas, que aunque desistamos y la neguemos como el famoso personaje del Asco de Castellanos Moya, siempre caemos y regresamos a sus brazos, para volverla a joder. Es que nosotros tenemos una Nación tan transnacional que la vuelve neurótica pero provincial, centralista, escéptica de sí misma y tan de doble moral que harta. Nuestra nación se cree casi cualquier cuento, es mal educada, es asesina, otras veces es chillona, traicionera, buscapleitos y con tendencia a la anarquía, buscamos el primer resquicio para negarnos a nosotros mismos, al amor colectivo, ese que llamamos Patria.
Que conste, no nos queda otra Patria más que esta, es crítico, tomando en cuenta que nuestra estirpe condenada no tendrá una segunda oportunidad sobre esta tierra.

Sunday, July 18, 2010

King Flyp


Uno cree que lo ha visto todo en esta vida pero no así.
La semana pasada me recomendaron un video del You Tube, de un nuevo fenómeno musical nacional proveniente del interior del país, específicamente de San Francisco Gotera, en el departamento de Morazán.
El video muestra un muchacho que inicia con voz destemplada una canción de reggaetón con una letra empalagosa y predecible, el video que tiene una rotunda calidad aficionada solo me produjo risa; mi primer pecado.
Tal como la peruana “Amapolita de Arahuay” o el “Delfin Quishpe”, nuestro artista en cuestión era un enorme representante del incierto género del destemplado y del cliché, en ese entonces algunos visitantes habían escrito comentarios realmente graciosos, lo mejor era leer los tomatazos.
En algún momento de la semana dije algo en público sobre “King Flyp” –que así se ha bautizado nuestro artista- y recibí recriminaciones por mi falta de apoyo al tipo; mi segundo pecado Algo no andaba bien con la gente, con sorpresa noté que de pronto estaba en televisión, radio, internet y periódicos, en boca de todos, localmente reemplazó al Pulpo Paul.
Si nos ponemos academicistas, el tipo representa una expresión cultural, es el parto histórico de una sociedad rural con elementos urbanos, la migración, la transculturización, el ideal posmoderno de jugar al American Idol, el sueño del estrellato, su elocución, el erotismo, el discurso y la propia e intima dedicación a crear le dan una característica y dimensión humana que hay que respetar.
Empero, toda expresión cultural, artística en este caso, va a tener una respuesta colectiva, a menos que el autor lo esconda y no lo socialice. La respuesta de la gente, parte del canon que cada sociedad considera aceptable, entendible, revolucionaria, lógica, bla, bla, bla.
“The King Flyp” ha tenido diversas reacciones:

1) Están los que tiran tomatazos, de diferentes niveles, los últimos días los comentarios en el You Tube son cada vez más incendiarios, se pasó de la risa inicial y “bayuncadas” a la denigración étnica, terribles insultos y amenazas a muerte. Ahora uno no puede producir un video o cantar una canción por que peligra su vida: Terrible.
2) Están los que se rasgan las vestiduras y algunos basados en la expresión cultural, indican que la creación representa la esencia del salvadoreño y por ello se debe de respetar, impulsar y proteger, casi faltaría que le pidan a la asamblea que después de cada versículo bíblico se ponga una canción de King Fylp en las escuelas. Es evidente que este muchacho no es el único artista nacional que trabaja por su “propuesta”, hay muchos más, yo entrevisté a tres salvadoreños mientras hacia mi etnografía en Long Island, ellos “Los del Bajo Mundo” y “Cheleman” migrantes, expresaban su vida en las canciones de reggaetón (que no es mi genero favorito) pero tenían ese “algo”, se notaba un esfuerzo, una dedicación, un trabajo profesional.
3) Están los que insultan a los que no les gusta King Flyp tildándoles de ser malinchistas, que Paulina Rubio o los regetoneros del Caribe son por mucho peor que nuestra estrella emergente, que hay que hacer patria apoyando. Una especie de patriotismo mal digerido, tomando en cuenta que no se apoya a otros artistas y no habría por que particularmente apoyar a este, justamente cuando hay otras personas que han dedicado su vida al trabajo del arte, de la música y del canto y han sido tan importantes como las hojas que caen en un bosque deshabitado. Si yo fuera artista, de esos que se esfuerzan y se dedican, y tienen calidad, diría que este país es de imbéciles.
4) Están los que les parece cómico, los que lo han hecho famoso por “bayuncos”, los que ven el video en You Tube por morbo, también están los que realmente les gusta, por que les dice algo, o les es estéticamente agradable, cantan su canción y lo siguen. Los que esperan su ringtone para su celular.
5) Finalmente los que lo siguen simplemente por que esta de moda. El impacto mediático es fundamental, no por algo la Coca Cola antes de venderse como bebida refrescante era vista como medicina, los medios de comunicación pueden inventar fiestas, hechos, formas, mitos o estrellas de la música; Claro, nuestros medios de comunicación no tienen tanto poder internacional como los medios transnacionales, ahí hay una frontera, de pasar de TCS a NBC hay un enorme abismo, de poder se puede, pero se tienen que cumplir algunos requisitos.

Habrá que ver que piensa este muchacho del polvorín que levantó, parece ser que no le importa lo que diga la gente, cosa que es oportuna, él debe de tener toda la libertad de producir lo que le venga en gana, y los demás tienen la libertad de recibirlo como quieran, ya sea de apoyo, risas, tomates o comprar sus CDs o bajar su música, mientras no lo amenacen a muerte o quieran llevar a la práctica semejantes atrocidades.
Los que saben de música dicen que debe de mejorar, quizás si mejora es potable para un mercado internacional y un éxito rotundo, luego de “El Gato Volador” y "La gasolina" creo que cualquier cosa es vendible, según como se presente y se maneje la publicidad. Fuera de nuestro Macondo particular solo dependerá de sus buenas decisiones ejecutivas, seguro ya conseguirá un manager que querrá invertir en él.
Lo que menos debe de hacer este joven es creerse Superestrella, ese es el problema de los que lo apoyan por razones ideológicas o por aquello de ser políticamente correcto, hay que decirle que deje de sonar como aficionado, quizás sus letras se vuelvan más intimas, propias y no tan predecibles y empalagosas. Que hasta para el reggaetón hay que saber hacerlo, por ahí dirán que esa potabilización es un “blanqueamiento” estético de una sincera expresión popular, pero el pueblo hace sus valoraciones y por algo los artistas ya sean Inuit, Mohicanos, Quechuas, Florentinos han logrado niveles de arte exquisitos, bajo ciertas exigencias estéticas o como podría decir Durkheim que la sociedades constriñen y con ello buscan nuevas formas. Entre la misma gente se va dando una división social que consigue diferentes formas de expresión, tampoco sería justo ir a meter a King Flyp en un museo etnográfico y obligarle a un primitivismo que algunos parecen encontrarle.
Que el tipo no desarrolle su incipiente arte es un pecado, por que buenas intenciones tiene, quizás poco o nulo talento, pero tiene ganas y ahí esta sentado en el macho, ahora tiene que arriarlo.
Lo que apunto aquí es la necesidad académica de desarrollar un estudio del arte popular salvadoreño, tenemos que entender las reacciones de la gente, no solo de quien lo presenta, lo que dice, o que imágenes muestra, hay que ver como la gente reacciona ante ello.
Hay definir categorías para calificar estos elementos, tal como se hizo en México, con lo pachuco, que al final terminó siendo de culto; en otras palabras, nos urge un Carlos Monsivais. Habrá que definir, lo “calle”, lo “bayunco”, lo “gabán”, lo “fresón”, lo “bajero” y como hay grupos que identifican o niegan cada uno de ellos, quizás ese es el primer paso para entender esa salvadoreñidad que tanto se habla, e ir dimensionando mentalidades. Si King Flyp representa a la salvadoreñidad, hay que preguntarse ¿Cuál salvadoreñidad?, ¿Qué comunidades?, ¿La indígena?, ¿La urbana de media renta?, ¿La rural?, ¿La transnacional?, ¿la hibridada posmoderna?...etc, más esfuerzo y menos consignas es la solución.
En su momento no vi lo anterior, lo que constituyó mi último pecado.

Monday, April 5, 2010

Y la guerra comenzó


Desde ahí todo fue cuesta abajo, la guerra se intensificó, el típico sonido de balazos y bombas comenzaba a formar parte de la normalidad, a tal punto que mi familia optó por colocarle cinta adhesiva a todas las ventanas, era mejor tener vidrios rotos en el lugar que verlos saltar por los aires. De 1980 a 1983 todos los comercios alrededor de nuestra casa fueron atacados por bombas de los Comandos Urbanos, vivíamos entonces en una zona comercial, los únicos vecinos que teníamos era una familia que cuidaba una bodega frente a nosotros, la casa era enorme, construida en 1953 luego que mi familia saliera de Jucuapa producto de un terremoto que devastó esa ciudad, mi bisabuelo había encargado la construcción de una enorme casa, con 9 habitaciones y paredes extraordinariamente resistentes. Cuando comenzó a construirse la casa, alrededor eran predios baldíos, por alguna razón –para entonces yo no había nacido- fueron comercios los que terminaron por instalarse, la casa era tan grande que había espacio para todos, incluyendo a mi familia nuclear (mi padre y mi madre) y mi familia extendida (abuela, tías abuelas, y los dos hermanos de mi mamá, una tía y un tío, todos del lado materno) y tres grandes patios, yo era un niño en un mundo de adultos.
Al menos nunca llegó el ejército a realizar un cateo, y generalmente nunca tuvimos una falla eléctrica demasiado grave, a pesar que la guerrilla voló todos los postes de la cuadra, los equipos de la compañía eléctrica los levantaban en pocas horas, principalmente por que en la cercanía se ubicaba el Hospital Militar y necesitaban energía.
Pero mi abuela pasaba contando los días que los soldados tocarían a la puerta, llegó a tal su angustia que un día dispuso quemar todos los artículos “subversivos” que mi Tío Nelson –entonces de menos de 23 años- había colgado en su habitación. Fueron a la hoguera sus posters del Che Guevara, Fidel Castro, la revolución cubana y luego el fuego justiciero también agregó imágenes de Queen, Santana, Led Zeppelin, etc… Cualquier foto, recorte o poster de cualquier peludo o barbudo que para el criterio de mi abuelita representaban algún resquicio rebeldía.
Los quemamos, por que ayudé encantado, haciendo valer el potencial pirómano que todo niño posee, hicimos una pira; tal cual hizo hacía tantos siglos Fray de Diego de Landa con los códices mayas en Yucatán, y les dimos fuego consumiendolo todo; luego, para no dejar rastros, revolvimos la ceniza con tierra negra y la cubrimos, le colocamos unos ladrillos encima, no vaya a ser que los soldados hipotéticos luego preguntaran, ¿Qué cosa es esa mancha gris? Y mi abuela se quedara pálida y sin respuestas.
Mi Tío Nelson no estaba, había salido como de costumbre, cuando regresó y se dio cuenta del desenfreno paranoico de mi abuela, estalló furioso por las paredes desudas de su cuarto, el aliento acre de licor se hizo sentir, en esa época su alcoholismo comenzaba a emerger con más fuerza, a pesar que la guerra se hacía más cruenta, la vida continuaba, ni las balas, ni las bombas, los militares o los guerrilleros lograron medrar su necesidad por la bebida, un vicio que lo llevó a su muerte, veinte años después, mientras se lavaba las manos.

Lo que recuerdo del funeral de Moseñor Romero



Voy en una camioneta Toyota Corolla de 1971, de color vino, mi padre conduce, bajamos por la Calle Arce en dirección al centro de San Salvador, al contrario de hoy en día, dicha calle era de dos sentidos, habían algunos vehículos estacionados a los costados, un buen número de personas se dirigen al centro, era el 30 de marzo de 1980, domingo.

Hacía pocos días habían asesinado a Monseñor Romero, no recuerdo esa fecha, se me ha borrado completamente de la mente, solo tengo memoria que la noche del asesinato mi familia vio la nota periodistica en Teleprensa -en ese entonces en canal 2- narrado por Guillermo De León.

Desde el dia de la muerte de Monseñor hasta el Domingo 30 de marzo había pasado casi una semana, y el ambiente cada vez era más tenso, El Salvador se empinaba hacia una guerra civil que duraría 12 años, todos sabíamos que la violencia no se detenía, incluso yo, para entonces un niño.

Aunque me pasaba la mayor parte del día jugando, me atacaba la ansiedad al escuchar las bombas y disparos en la cercanía , la casa de mis abuelas, en pleno centro, se convirtió en una isla que en ocasiones era rodeada del caos y la violencia, cuando leí el Diario de Ana Frank, me sentí reflejado en la calma y seguridad que ella sentia en su refugio, una calma que en cualquier momento podría romperse, ese mismo sentimiento me embargó durante la primera mitad de los años ochenta.

Bajábamos la Calle Arce en la camioneta, casi frente a la Basílica del Sagrado Corazón, vimos el humo del primer estallido de la primera bomba con la cual inició toda la calamidad del funeral de Monseñor Romero. Se dice que un grupo de hombres armados disparó indiscriminadamente contra miles de personas que se había reunido frente a la Catedral de San Salvador para rendir honores a Monseñor. Los disparos, que venían del techo del Palacio Nacional fueron acompañados por bombas que agobiaron a la multitud, un mar de gente trataba de salir de la Plaza Barrios, muchos murieron a causa de los golpes y disparos, yo con mi padre, nos encontrábamos a pocas cuadras de ahí.

Cuando la bomba explotó, todas las personas que caminaban en las aceras de la Calle Arce comenzaron a correr, mi padre entonces hizo girar en U a la camioneta y regresamos a toda velocidad a la casa de mi abuela, ubicada en las cercanías, los disparos y las explosiones se hicieron potentes, la balacera parecía durar una eternidad.

Recuerdo el ajetreo de la familia, el sintonizar la radio YSKL y la Banda Ciudadana donde se comentaba a detalle, había tensión y miedo, mi abuela y mis tías abuelas estaban nerviosas, con mi tía Ivonne fuimos al fondo de la casa a escuchar las balas, a pocas cuadras de ahí se estaba llevando a cabo uno de los eventos más violentos de los últimos tiempos en El Salvador.

Por algún motivo, salimos a la calle a ver a la multitud de personas que subían lentamente del centro de la ciudad, mi abuela sacó un termo y repartió algunos vasos de agua a la gente, yo estaba con ella, cuando frente a mi, paso un hombre cargando una revolver que me pareció extremadamente gigantesco.

Creo que esa noche se escucharon algunas bombas en distintos lugares de la ciudad, apagamos las luces o cortaron el servicio eléctrico, no lo recuerdo, lo que si tengo memoria es que dormí con miedo.

Ahí comenzó todo.