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Wednesday, March 23, 2011

Obama en El Salvador



Siempre he tenido la idea que El Salvador es un microcosmos de absurdas contradicciones, una especie de aldea en donde la gente representa un sinnúmero de papeles entre drama y humor, como en Springfield de los Simpson, pero un Springfield aun más obtuso, digamos macondiano.
Las ultimas semanas el microcosmos salvadoreño sufrió una sacudida, llegó la noticia que Barack Obama llegaba a visitarnos, y desde ese mismo instante surgieron las expectativas, cada quien con la suya, que cada cabeza es un mundo. Ocurrieron cosas curiosas,  mientras los días de la gira pasaban, notamos como las instituciones de gobierno funcionaban de una forma eficiente, en pocos días el ornato de la ciudad mejoró notablemente, se pintaron (aunque sea de fachada) el Teatro Nacional y la Biblioteca, se sacaron los buses del centro de la capital, se pintaron aceras, las calles lucieron seguras, limpias y sin baches. Se aplicó la máxima que dice “Hay que arreglar la casa cuando llegan visitas”, un absurdo, pues siempre debería de ser así, pero claro, deben de suponer nuestras autoridades que entre nosotros hay confianza. Absurdo, uno no espera que los parisinos limpien los Campos Elíseos solamente cuando hay un evento importante, es algo continuo, el ornato y la estética debe de ser permanente.
Me di cuenta que a pesar de limpiar y poner a punto la ciudad, los famosos rótulos de acera (MUPIS) son tantos como vendedores ambulantes en el centro, prácticamente esos adefesios comerciales se han tomados las calles, es necesario establecer una cruzada contra ellos pues arruinan la poca estética que nos queda. Y por si fuera poco, los cables que conectan los servicios de telefonía, datos y electricidad a toda la ciudad ponen el otro 50% de la contaminación visual. Si los MUPIS lo hacen en el suelo, los cables lo hacen en el cielo, es caro, pero es de evaluar si en calles principales no sería más seguro y estético (aunque caro en un inicio) tener los cables bajo tierra

Lo más pintoresco se encuentra en las opiniones de la gente en relación a la visita presidencial, algunos lo reciben emocionados como si fuera uno más de la farándula, otros lo reprochan utilizando sus tradicionales consignas, y algunos solo son peticiones, que la reforma migratoria, que el TPS, que la guerra contra el  narcotráfico. Unos arman protestas, otros se jalan el pelo pensando en las calles cerradas por las mismas protestas y por los operativos de seguridad. Algunos salen de graciosos, hubo un tipo que inventó la Pupusa Obama, basado en maíz negrito, dejando fuera la grosería que representa la cuestión de la pupusa negra –desde el punto de vista de la sociedad estadounidense- juraría que es parte de un sketch de SNL. En las televisoras y periódicos hemos visto y leído a los “opiniólogos” que con su acostumbrada autoridad hablan de la llegada de Obama y como suele ser, que siempre tienen una opinión para cualquier cosa en su carácter de “expertos” se llenan la boca hablando de las implicaciones políticas, económicas, de seguridad, de geopolítica, bla, bla, bla de la visita. Por otro lado vemos a los medios de comunicación que corren de un lado a otro, tratando de aruñar alguna nota y soñar por un momento que son alguna cadena internacional del corte de CNN, los chistes y comentarios en el Facebook y Twitter están en sintonía con Obama, se dice mucho.
Pero creo que entre lo más emblemático de la gira por El Salvador es  la visita a la cripta de Monseñor Romero, una actividad totalmente política, pero que genera un terremoto en nuestras mentalidades polarizadas, rompe el esquema de la guerra fría y de las identidades políticas que se han construido desde entonces, la cripta es un lugar simbólico, nos dice “algo”, en realidad nos dice muchas cosas de quienes somos los salvadoreños, y que Obama esté ahí implica que el representante de uno de los participantes (aunque no directo de la guerra civil) considera a bien dar un paso, darle vuelta al calcetín histórico y reconocer de cierta forma lo que hay que reconocer.
Cuando vemos las imágenes de Obama junto a Funes frente a la cripta caemos en cuenta que el siglo XX ha quedado atrás, los esquemas que hemos estado acostumbrados ya no tienen sentido más allá de nuestras diminutas columnas de Hércules o simplemente como ilustración, el mundo hace ratos que  va por otro lado.
En todo caso, ha sido más fácil que un presidente de Estados Unidos venga y visite la tumba del arzobispo asesinado que alguno de nuestros ex presidentes lo haya siquiera imaginado.
Romero abrió y ahora Romero ha cerrado.


Extra: Hasta el momento de escribir este post, parece que Obama no visitará el sitio arqueológico Joya de Cerén y San Andrés, una pena para la arqueología nacional, pudo ser la oportunidad para establecer líneas de apoyo, becas para investigaciones, mucho más allá de Fullbright, tomando en cuenta que el actual residente de la Casa Blanca siempre ha sido proclive a la ciencia y a la educación.

Monday, April 5, 2010

Lo que recuerdo del funeral de Moseñor Romero



Voy en una camioneta Toyota Corolla de 1971, de color vino, mi padre conduce, bajamos por la Calle Arce en dirección al centro de San Salvador, al contrario de hoy en día, dicha calle era de dos sentidos, habían algunos vehículos estacionados a los costados, un buen número de personas se dirigen al centro, era el 30 de marzo de 1980, domingo.

Hacía pocos días habían asesinado a Monseñor Romero, no recuerdo esa fecha, se me ha borrado completamente de la mente, solo tengo memoria que la noche del asesinato mi familia vio la nota periodistica en Teleprensa -en ese entonces en canal 2- narrado por Guillermo De León.

Desde el dia de la muerte de Monseñor hasta el Domingo 30 de marzo había pasado casi una semana, y el ambiente cada vez era más tenso, El Salvador se empinaba hacia una guerra civil que duraría 12 años, todos sabíamos que la violencia no se detenía, incluso yo, para entonces un niño.

Aunque me pasaba la mayor parte del día jugando, me atacaba la ansiedad al escuchar las bombas y disparos en la cercanía , la casa de mis abuelas, en pleno centro, se convirtió en una isla que en ocasiones era rodeada del caos y la violencia, cuando leí el Diario de Ana Frank, me sentí reflejado en la calma y seguridad que ella sentia en su refugio, una calma que en cualquier momento podría romperse, ese mismo sentimiento me embargó durante la primera mitad de los años ochenta.

Bajábamos la Calle Arce en la camioneta, casi frente a la Basílica del Sagrado Corazón, vimos el humo del primer estallido de la primera bomba con la cual inició toda la calamidad del funeral de Monseñor Romero. Se dice que un grupo de hombres armados disparó indiscriminadamente contra miles de personas que se había reunido frente a la Catedral de San Salvador para rendir honores a Monseñor. Los disparos, que venían del techo del Palacio Nacional fueron acompañados por bombas que agobiaron a la multitud, un mar de gente trataba de salir de la Plaza Barrios, muchos murieron a causa de los golpes y disparos, yo con mi padre, nos encontrábamos a pocas cuadras de ahí.

Cuando la bomba explotó, todas las personas que caminaban en las aceras de la Calle Arce comenzaron a correr, mi padre entonces hizo girar en U a la camioneta y regresamos a toda velocidad a la casa de mi abuela, ubicada en las cercanías, los disparos y las explosiones se hicieron potentes, la balacera parecía durar una eternidad.

Recuerdo el ajetreo de la familia, el sintonizar la radio YSKL y la Banda Ciudadana donde se comentaba a detalle, había tensión y miedo, mi abuela y mis tías abuelas estaban nerviosas, con mi tía Ivonne fuimos al fondo de la casa a escuchar las balas, a pocas cuadras de ahí se estaba llevando a cabo uno de los eventos más violentos de los últimos tiempos en El Salvador.

Por algún motivo, salimos a la calle a ver a la multitud de personas que subían lentamente del centro de la ciudad, mi abuela sacó un termo y repartió algunos vasos de agua a la gente, yo estaba con ella, cuando frente a mi, paso un hombre cargando una revolver que me pareció extremadamente gigantesco.

Creo que esa noche se escucharon algunas bombas en distintos lugares de la ciudad, apagamos las luces o cortaron el servicio eléctrico, no lo recuerdo, lo que si tengo memoria es que dormí con miedo.

Ahí comenzó todo.


Tuesday, March 23, 2010

Así matamos a Monseñor Romero


Carlos Dada director del periódico El Faro, nos regala uno de los mejores trabajos periodísticos de los últimos tiempos en El Salvador. En ocasión de los 30 años de la muerte de Monseñor Romero, Dada entrevista a los implicados en el asesinato de este hombre que marcó un antes y un después en la historia nacional:

El mayor D´Aubuisson fue parte de la conspiración para asesinar a monseñor Romero, aunque el tirador lo puso un hijo del ex presidente Molina, dice el capitán Álvaro Saravia. 30 años después, él y otros de los involucrados reconstruyen aquellos días de tráfico de armas, de cocaína y de secuestros. Caído en desgracia, Saravia ha sido repartidor de pizzas, vendedor de carros usados y lavador de narcodinero. Ahora arde en el infierno que ayudó a prender aquellos días cuando matar "comunistas" era un deporte.
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