Monday, January 30, 2012

Blog en La Prensa Gráfica

Les cuento que desde la semana pasada, estoy escribiendo un blog en el periódico La Prensa Gráfica, el blog trata el tema del 2012, descalificando todas las tonterías que se han dicho en los últimos años, sobre el supuesto fin del mundo.

Nota: En los últimos días se observa que el blog del 2012 da error al cargar, para evitar eso y poder leerlo, dar refresh a la página. 

Sunday, January 22, 2012

Olvido


Aquí no ha pasado nada.
El Salvador tiene un problema de memoria.
Hemos hecho del olvido una institución, borramos de nuestra memoria los golpes de Estado, los terremotos, las erupciones volcánicas, los asesinatos, las masacres, etc. 
Por eso, cada vez que nos viene un terremoto, parece que fuera la primera vez que sufrimos una hecatombe.
Tenemos una ensalada de temas que son una continua lucha entre el olvido y el recuerdo; por ejemplo, los asesinatos ocurridos durante la guerra civil. Tratamos de recordar a los muertos y desaparecidos, pero nos contraatacan grupos empeñados a que olvidemos. Nos invitan a dejar el rencor, que los dolientes extirpen el dolor de su corazón y que se cierren las heridas, que veamos al mañana, al futuro glorioso, que trabajemos fuerte, que no pensemos en el ayer, que el pasado no existe, que le demos vuelta a la página de la historia. 

Y nos tienen pasando la página de la historia todo el tiempo.

Hace casi un mes, la Iglesia Católica destruyó un mural que adornaba la entrada a la Catedral Metropolitana. Independiente del gusto estético de cada quien, fue un acto de barbarie, el mural era una creación artística y el arte merece respeto.
Si era preciso desmontarlo, había que hacerlo de una forma digna, llenando los requerimientos técnicos para proteger el trabajo del artista, quien es uno de los artistas nacionales más influyentes en la cultura popular salvadoreña.
La destrucción del mural fue planeada, creada en la mente –criminal- del arzobispo de San Salvador José Luis Escobar Alas. Se colocó un enorme toldo para que evitáramos horrorizarnos con el desastre, se trabajó a toda velocidad y oportunamente se escogió la vacación de fin de año para demolerlo, de esa forma se impediría alguna reacción del Gobierno.
Después del crimen contra el arte, el arzobispo resolvió con mentiras, excusas que de paso insultaron nuestra inteligencia, finalmente terminó haciendo uso de su prepotencia: “Era mi derecho”.

Escobar Alas terminó ganando,  el tiempo, la corta memoria del pueblo y la manipulación de la palabra divina fueron sus aliados. El Estado y sus instituciones cayeron rendidos bajo su mismo peso legalista y leguleyo.

Ni habían terminado de recoger el ripio y algunas voces ya nos invitaban a olvidar, en los foros algunos decían que el muro destruido estaba y que destruido se quedaba, que era un tema cubierto y pasáramos a otra cosa. Varios periodistas que cubren notas de violencia, se quejaban que nuestra sociedad se indignaba con la destrucción al arte y no con temas importantes, por ejemplo: los 12 muertos diarios.

Hoy el mural nos parece de otro tiempo, en pocos meses lo olvidaremos y nos parecerá un sueño, en un par de años será una curiosidad histórica y cuando seamos ancianos y alguno de nosotros trate de recordarlo; los niños de hoy, que entonces serán adultos, nos tomarán por viejos chiflados poseedores de esa malograda práctica del recuerdo. 
Para entonces nosotros seremos del pasado, condenados al olvido. 
Y aquí no ha pasado nada.




Nota al pie: Esta mañana de domingo se reunió un grupo de artistas todavía indignados frente a Catedral exigiendo reconstruyan el mural. Por otro lado, la Catedral fue tomada por un grupo de desmovilizados de la exguerrilla.
La foto superior la tomé desde el Palacio Nacional en Julio de 2008.

Friday, January 20, 2012

Los 20 años de los Acuerdos de Paz



El 16 de enero se cumplieron 20 años de los Acuerdos de Paz con los cuales le dio fin a la guerra civil que desangró a El Salvador desde 1980 hasta 1992. 


Nunca creí en la paz.

Principalmente porque era demasiado bueno para ser verdad, me sumé a los miles de salvadoreños que guardaron cierto escepticismo en su corazón. Creía que tarde o temprano algún bando rompería la tregua y regresarían los combates.

Soy de la generación de la guerra, crecí con ella, por eso mi desconfianza inicial a los acuerdos. No me figuraba una realidad nacional sin ella, era mi cotidianidad. No guardo memoria de un tiempo antes de la guerra, si los hay, son apenas fragmentos de cosas triviales. Los recuerdos más fuertes llegaron con el conflicto.

De mi familia siempre escuché advertencias que “está peligroso”, “tené cuidado hijo”, “mejor no salgás”, recomendaciones que me conformaron una psicología con tendencia al temor, a la sospecha, a estar alerta ante el peligro.

Fui uno de los miles de niños que crecimos escuchando tiroteos y bombazos, teníamos la capacidad de reconocer el arma a distancia con el sonido del tiro, y con ello saber quienes eran los combatientes, si la guardia, si la policía o el ejército y que armamento contaban los guerrilleros. Fui de los que temblaron con una bomba que estalló a menos de 20 metros de donde yo estaba, he escuchado tantas bombas explotar, que perdí la cuenta.

En ese entonces vivía una casa céntrica, cerca del Parque Cuscatlán, no recuerdo cuantas veces corrí espantado por las bombas que los comandos urbanos detonaron en las empresas vecinas, nosotros éramos una isla de civiles en un campo de batalla.

El colmo llegó una tranquila noche de 1983 cuando un ataque con bombas molotov incendiaron el taller de la empresa Fiat, el cual colindaba con nuestra casa. El incendio devoró todo el lugar, las grandes llamas amenazaron consumir nuestro hogar, esa desesperación de no poder hacer nada, de sentir el calor cerca y los bomberos evacuándonos no me ha abandonado.

También perdí memoria cuantos tiros escuché, sobre todo en la ofensiva hasta el tope. Con menos de 10 años fui encañonado junto con mi familia por un retén guerrillero en Usulután, los cuales nos pidieron colaboración.  Y de adolecente, escapé de un reclutamiento forzoso por la Fuerza Armada. Todas estas lamentables experiencias han quedado para siempre conmigo y es parte importante de lo que yo considero mi salvadoreñidad, una identidad forjada a fuerza de balazo, bomba y violencia.

Por eso no me lo creía.

La misma noche de la firma de los Acuerdos, el FMLN y el gobierno organizaron por separado una celebración, unos en la Plaza Barrios y otros en Plaza Libertad. Con varios amigos asistí a las celebraciones, a pesar que los discursos que hicieron los contendientes, en donde ambos parecían haber ganado la guerra, la fiesta me pareció una alucinación.

Nunca imaginé que tanta gente hubiera estado involucrada clandestinamente al trabajo de la guerrilla, incluso vecinos que sin ocultarse ya, expusieron públicamente su preferencia política portando banderas rojas.

Cuando ambas celebraciones terminaron y los asistentes ya cansados comenzaron a retornar a sus casas, por primera vez vi gente con chaleco de ARENA junto con personas llevando pañoletas del FMLN, pasaban unos a lado de los otros sin hacerse daño, al parecer nadie supo como lidiar con esa contradicción política, solo se quedaban viendo entre ellos. Era algo nuevo.

Entonces los días se me hicieron esperanzadores.

Sin guerra pude descubrir un país que por los continuos combates me fue negado durante toda mi niñez. Finalmente conocí Morazán y el norte de Chalatenango sin temor de morir en fuego cruzado.

Pude leer públicamente libros que habían sido considerados prohibidos por el gobierno, era esperanzador salir a caminar con un libro de Dalton, de Marx o de Engels sin problema que las autoridades me arrestaran, nunca más tuve que evitar caminar cerca de cajas telefónicas por temor de salir volando en pedazos por un explosivo guerrillero.

La aceptación personal de la paz fue un proceso muy lento, en el cual me fui convenciendo que la cosa finalmente iba en serio y que los cañones se habían callado para siempre.

No me di cuenta cuando la guerra comenzó a desfigurar su recuerdo en la colectividad, en ocasiones me asombra como los salvadoreños tenemos tal capacidad para olvidar ciertas cosas. Ahora nadie habla de las minas que mutilaron y asesinaron a tanto niño en el campo, algo que era tan cotidiano y público, yo mismo recibí instrucción de la Cruz Roja Internacional en mi centro de estudios para no tocar ninguna pelota, juguete o lata de conserva en el campo, pues podría ser una mina.

Poco a poco la guerra se fue transformando en una caricatura, en películas tragicómicas y libros de gestas fantásticas, con héroes maravillosos y villanos acartonados.

Aunque la guerra sigue con nosotros, me sorprende como los jóvenes han reformulado la guerra en sus mentalidades, ahora es una definición política, en el mejor de los casos, en otros, es apenas un pasado distante, remoto y en blanco y negro.

Para ellos es el hoy, donde hay otra guerra y otra violencia.

Los consejos de “está peligroso”, “mejor no salgás” que tantas veces me recomendó mi familia durante la guerra me asaltan de nuevo.

Creo que he vivido con demasiado miedo en este país.


Memoria publicada en periódico El Faro
Fotografía por Peter Strandberg

Thursday, December 8, 2011

"Día de la infamia", Discurso de Roosevelt

Hoy hace 70 años, el presidente de los Estados Unidos Franklin Roosevelt declaraba la guerra a Japón, he aquí el vídeo y la traducción de ese histórico momento.


Miembros del Senado, de la Casa de Representantes:



Ayer, 7 de Diciembre de 1941, una fecha que pervivirá en la infamia, los Estados Unidos de América fueron sorpresiva y deliberadamente atacados por fuerzas navales y aéreas del Japón.
Los Estados Unidos estaban en paz con esa nación y, a solicitud de Japón, estaba aún en conversaciones con su Gobierno y su Emperador, buscando el mantenimiento de la paz en el Pacífico.

Efectivamente, una hora después que escuadrones aéreos japoneses comenzaran a bombardear Oahu, el Embajador Japonés ante los Estados Unidos y su colega, entregaron al Secretario de Estado una respuesta formal al reciente mensaje estadounidense. Mientras esta respuesta estipulaba que parecía inútil continuar las existentes negociaciones diplomáticas, no contenía amenazas o posibilidad de un golpe de guerra o de ataque armado.

Quedará registrado que la distancia de Hawai al Japón hace obvio que el ataque fue deliberadamente planeado muchos días o incluso semanas atrás. Durante la ocurrencia del ataque, el Gobierno Japonés deliberadamente tuvo la posibilidad de engañar a los Estados Unidos con falsos planteamientos y expresiones de esperanza para la continuación de la paz.

El ataque de ayer a las Islas Hawai ha causado serio daño a las fuerzas militares y navales estadounidenses. Se han perdido muchísimas vidas estadounidenses. Adicionalmente, se ha reportado buques estadounidenses torpedeados en alta mar, entre San Francisco y Honolulu.

Ayer, el Gobierno Japonés también lanzó un ataque contra Malaya. 
Anoche, fuerzas japonesas atacaron Hong Kong. 
Anoche, fuerzas japonesas atacaron Guam. 
Anoche, fuerzas japonesas atacaron las Islas Filipinas. 
Anoche, fuerzas japonesas atacaron las Islas Midway.

Por tanto, Japón ha iniciado una extensa y sorpresiva ofensiva extendiéndose a toda el área del Pacífico. Los hechos de ayer hablan por sí mismos. El pueblo de los Estados Unidos, ya se ha formado su opinión y comprende bien las implicaciones para la propia vida y seguridad de la nación.

Como Comandante en Jefe del Ejército y de la Marina he ordenado que sean tomadas todas las medidas para nuestra defensa. 
Siempre recordaremos el carácter de la embestida contra nosotros. No importa cuánto nos pueda tomar el superar esta premeditada invasión, el pueblo estadounidense en su virtuoso poder, vencerá y logrará la absoluta victoria. 
Creo interpretar el deseo del Congreso y del pueblo, cuando aseguro que no sólo nos defenderemos hasta lo imposible, sino que nos aseguraremos que esta forma de traición nunca más nos amenace nuevamente.

Las hostilidades existen. No hay parpadeo al hecho que nuestro pueblo, nuestro territorio y nuestros intereses están en grave peligro. Con confianza en nuestras fuerzas armadas - con la irrestricta determinación de nuestro pueblo - nosotras lograremos el inevitable triunfo por Dios ayúdanos.

Le pido al Congreso declarar, que debido al cobarde ataque no provocado efectuado por Japón el Domingo 7 de Diciembre, existe un estado de guerra entre los Estados Unidos y el Imperio de Japón.

Franklin D. Roosevelt
8 de Diciembre de 1941

Wednesday, December 7, 2011

Hoy hace 70 años Japón atacó a Pearl Harbor


Hoy se cumplen 70 años del ataque que el Imperio de Japón realizó contra los Estados Unidos en Pearl Harbor. Incidente que catapultó a los estadounidenses a entrar al conflicto mundial que ya había comenzado en Europa desde septiembre de 1939.
Pearl Harbor abrió el frente de combate del pacífico, Alemania por ser aliada de Japón le declaró la guerra a los Estados Unidos a penas el 11 de diciembre, de esa forma  los estadounidenses se incorporaron al teatro de batalla europeo.
El mundo estuvo en guerra total.

Saturday, December 3, 2011

Impuestos



A nadie le gusta pagar impuestos.
En el mejor de los casos, la clase política despilfarra el dinero recolectado, en el peor, simplemente se lo roban. 
Sin embargo, a pesar de la corrupción y del despilfarro, es necesario pagar impuestos, con ellos se paga el sueldo de miles de trabajadores de la burocracia (de donde hay mucha tela que cortar) y el resto, el mínimo, termina realmente abonando a la construcción de hospitales, de escuelas y del mantenimiento de la red vial. 
En El Salvador nos sorprendimos con la noticia que el Ejecutivo consideró reformar la ley de impuestos, entre las reformas sobresale un aumento en el impuesto de todo aquel que gane más de $2,500 por mes y no cobrar a todo aquel que tenga un sueldo menor de $500 y tantos mensuales. Tiene sentido, el que gana más paga más (estoy de acuerdo), y el que gana menos.... pues no paga, ahí está la trampa.
Es necesario que todos paguemos impuestos, el trabajador que gane el sueldo mínimo pues que se le cargue un impuesto simbólico; aunque sea 1 dólar. Es necesario que la gente sienta que mantener el Estado tiene un costo, que las cosas en realidad no son regaladas y que hay que pagarlas, que el presidente, los diputados y los señores ministros con sus “exitosos” programas de desarrollo ganan un sueldo en función al aporte de la ciudadanía. 
Sí, tenemos el Impuesto de Valor Agregado que le adiciona un costo del 13% al valor de una mercancía, impuesto que todos pagamos, incluso los del oscuro y poco regulado “sector informal” pero el IVA tiende a invisibilizarse pues ya se incluye en el precio del producto. El impuesto sobre la renta, se calcula en función al sueldo que recibimos por año, es más visible, vemos cuanto dinero hemos pagado al gobierno en un año y pensamos en todo lo que podríamos haber comprado con ese dinero que se fue al bolso del Ministerio de Hacienda.  Es una cuestión de percepción, por ello cuando nos enteramos de un caso de corrupción o despilfarro, nos duele aun más, pedimos la cabeza del corrupto y exigimos transparencia.
Como el contenido de la reforma fiscal es en realidad media treta política (por estar en un año preelectoral y dejar a “cero” los impuestos a todos los que ganan debajo de $500)  no hay más que decir.
Pero un día, dentro de pocos años, alguien tendrá que tasar a todos los que ahora gozarán de una subvención, ese pobre, heredará tempestades.

Saturday, November 5, 2011

Bicentenario



(Dejaremos la guerra civil de Estados Unidos por un momento)

Hoy hace doscientos años, San Salvador intentó separarse de España, levantamiento que no fructificó, las autoridades de la corona apoyadas por otras ciudades -que no acompañaron la intentona- terminaron sometiendo a los rebeldes. 
Desde 1811 a 2011 ha llovido mucho, en la actualidad los historiadores se han encontrado con una buena cantidad de mitos sobre nuestra independencia, mitos que fueron creados en su mayoría hace cien años, cuando celebrábamos el centenario y que hoy, durante el bicentenario, han tenido que desmontarlos. (¿Qué mitos estaremos construyendo para el tricentenario?)
Una de las imágenes mentales que más han hecho mella en la colectividad salvadoreña es imaginarse al doctor José Matías Delgado tocando las campanas de la iglesia la Merced, gritando “libertad” y arengando al pueblo contra los españoles. Se dice que es un copy-paste del mexicano Grito de Dolores
¿Qué le vamos a hacer? la sola idea es genial, muy ilustrativa, casi que de película, pero lamentablemente nunca ocurrió en San Salvador de 1811, las campanas de la iglesia La Merced sí repicaron, pero tal como ocurría en todas las madrugadas, y no salió el cura por el campanario insultando a los “chapetones” (españoles). Es difícil batallar contra esa figura, generaciones de hombres y mujeres han sido educados con esa imagen, yo mismo, cuando niño, en una dramatización de la independencia me tocó personificar al padre Delgado, subir a un campanario de durapax y papeles de colores, tocar una campana de mentiras y gritar “libertad”.

Para muchos salvadoreños celebrar el bicentenario les parece absurdo, casi siempre la queja es que la independencia es una celebración vacía, que nunca hemos sido independientes, aunque así como va el mundo, no creo que un país sea completamente soberano.  Otros no saben a ciencia cierta que realmente se celebra, y la mayoría –supongo- se dejan llevar por el espectáculo televisivo y por los militares, que por trillonésima vez, salen a marchar por las calles.

El bicentenario es una fecha interesante, aunque el objetivo fundamental de los rebeldes era la independencia de España (y liberarse de los comerciantes guatemaltecos que los ahogaban con los precios de los productos), fue de algún modo el germen desde donde comenzó a diseñarse una república con atisbos liberales. 
Las chispas intelectuales que se produjeron en la ilustración europea vinieron a caer por aquí, ideas que entonces eran revolucionarias y que generaban debate, sorpresa y escándalo, le dieron sustrato a los derechos ciudadanos de una república que terminó naciendo por accidente. 
La libertad de culto, de opinión, la disolución de la monarquía, la igualdad de hombres y mujeres, la libertad de los esclavos, la división Estado-Iglesia, el matrimonio civil y el divorcio, entre otros, fueron combatidos (y siguen siendo) por la iglesia y los conservadores. 
Hemos fracasado en muchas cosas y con seguridad seguiremos fracasando, la independencia y la república liberal no es una licencia automática para que todo caiga del cielo. Lo que hizo fue darle derechos a los  ciudadanos, derechos que muchas veces en nuestra historia han sido violentados por el mismo Estado, pero derechos al fin, utopías, paradigmas liberales, que con el tiempo terminaron siendo obviedades que ni las  pensamos, que nos permiten decirle a una iglesia no nos interesa su credo sin el peligro que nos quemen en una hoguera, o cosas tan simples  como obtener una partida de nacimiento, obviando intereses eclesiásticos. 
Dos siglos después venimos a parar casi por accidente en una república, que transitamos unos meses siendo mexicanos (a la fuerza), luego provincias federales, para luego inventar un país con problemas y remiendos. La verdad es que el bicentenario nos dice que vamos montados en el caballo de la historia, que va corriendo a toda velocidad; y el tiempo, como el viento, nos golpea la cara marchitándonos año con año. No nos queda otra que agárranos bien de la montura, para que en una de esas carreras, no nos caigamos.