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Sunday, July 21, 2013

¿Comer orugas?


El viernes pasado -mientras la sonda espacial Cassini fotografiaba la Tierra desde la órbita de Saturno- yo realizaba una visita educativa con mis alumnos de la universidad en el sitio arqueológico Ciudad Vieja, un lugar donde se situó la villa de San Salvador entre 1528 a 1545.


Hace unos meses el sitio estaba a punto de convertirse en un parque nacional, donde los visitantes pudiera ser testigos del primer asentamiento español en El Salvador, pero la administración del organismo cultural cambió de manos y el parque arqueológico ha tenido que esperar.

Los estudiantes que me acompañaban apreciábamos las bases de las casas y edificaciones del siglo XVI cuando de pronto observamos en un árbol de caulote una gran reunión de orugas, quienes comían la sabia del árbol.

En El Salvador este tipo de gusano es conocido como cuétanos, y rondan una serie de mitos alrededor de ellos, sobre todo por su supuesta peligrosidad al tocarlos. La verdad es que estos seres son inofensivos -a menos que uno sea un árbol- en México, en el Estado de Chiapas, se consideran un manjar.



Para prepararlos se quitan del árbol, se les destripa y se les saca el interior, luego el cuerpo es tostado en un comal, se les condimenta con chile y se comen. Se dice que estos bichos tienen un gran contenido proteico. 

En occidente se considera una aberración comer insectos, incluso vincularse con ellos, son vistos como plagas, sucios y rastreros, feos y peligrosos. Una buena cantidad de películas de terror los pone como los más asquerosos enemigos. Ejemplos sobran, ¿recuerdan aquella película de una tarántula gigante que atacaba un pueblo?, ni que decir de las miles de hormigas rojas peruanas que casi devoran vivo a Indiana Jones o la tenebrosa escena de King Kong donde unos hombres luchan contra insectos gigantes.

Me imagino que antes de la llegada de los conquistadores estas orugas eran parte del platillo en nuestra región, hoy solo se les recuerda en Chiapas, estas solamente se observan entre los meses de julio y agosto.

Después de todo quizás hemos perdido opciones nutricionales, la repugnancia y el asco apenas son prejuicios culturales.


(Fotos por Gaby Marroquin, estudiante de Diseño Gráfico UJMD)

Monday, November 29, 2010

Yayantique

Eventualmente, por motivos laborales tengo que salir de la oficina y visitar algunos poblados del interior del país, espero esas salidas como agua fresca, realmente me gusta el trabajo de campo, observar otros lugares y ver a la gente en sus actividades cotidianas, no por gusto soy antropólogo.
La semana recién pasada visité el pueblo de Yayantique, en el departamento de La Unión, un pequeño poblado de menos quince calles, en donde habitan alrededor de 7,000 habitantes. Un pueblo dormitorio, la mayoría de personas realizan labores agrícolas o en trabajan en algún oficio de servicio en San Miguel.
Yayantique vive la tranquilidad que le permite la distancia de las urbes, conserva sus tiendas en donde uno puede entrar y comprar un artículo sin la presencia de barrotes que dejan fuera al consumidor o un guardia que siempre vigile, las calles lucen limpias y tranquilas, el servicio de buses se resumen en dos llegadas y dos salidas en el día, en un turno matutino y otro vespertino.
El nombre Yayantique viene del potón que significa “Cerro de los capulines”, Yayan significa Capulín y Tique, cerro. El Capulín es un árbol de baja altura que presenta un fruto pequeño de color rojo o purpura, cuyo nombre científico es Prunus virginiana, es famoso por que dicho fruto es muy codiciado por los pájaros y los murciélagos.

Contradicción, en el parque central no hay ni un árbol de capulín, observé que contiguo a la alcaldía un vecino tiene plantado uno en su jardín de su fachada, pero el gobierno local no hace mucho para hacerle honor al nombre del poblado, para decirles que en el centro del parque se ha colocado  una estatua del Manneken Pis, el principal símbolo de la ciudad de Bruselas, se trata de la famosísima  imagen de un niño orinando, no veo motivo para colocar en el centro de Yayantique a un símbolo belga, probablemente le pareció jocosa la idea al alcalde y terminaron colocaron al Manneken Pis en el parque central.
El pueblo se encuentra enclavado en la cima de un cerro, con ello evita las terribles temperaturas que se sufre valle abajo; sin embargo, en los días calurosos ni Yayantique se salva, el calor puede reptar por deforestadas laderas de la colina y alcanzar al pueblo, aun así es posible refrescarse con alguna brisa que baja del norte. Aparte de un clima relativamente fresco, la altura permite una agradable vista al valle donde se encuentra San Miguel, con su gigantesco volcán Chaparrastique, que termina siendo el punto de ubicación en todo oriente.

La gente de Yayantique es sencilla y hospitalaria, tan solo posee dos cafetines en el centro del pueblo, una farmacia y cuatro tiendas de variedades que logran surtir de lo necesario a la población. La iglesia católica dedicada a la Virgen de Candelaria se encuentra ubicada frente al parque central,  no posee fecha específica de su construcción y la gente local lo ignora, probablemente fue erigida en su forma actual durante el siglo XIX (Las crónicas de Cortez y Larraz indican que la iglesia en 1770 era un sencillo xacal, rancho de paja), la construcción ha sufrido una serie de cambios durante los últimos años, fue pintada el año pasado, y lo hicieron con un encendido color amarillo, tomando en cuenta la enfermiza necedad de los salvadoreños en pintar sus iglesias de “blanco colonial”, es de aplaudir que se salgan del color “correcto” y variar un poco, las iglesias siempre tuvieron colores vivos (rojos, azules, morados, verdes y amarillos), pero en algún momento del siglo XX se les ocurrió blanquearlas, ahora los salvadoreños están tan convencidos que el color “colonial” debe de ser blanco, no más!.  Es tan fácil darse una vuelta por Guatemala y México en sus pueblos tradicionales para darnos cuenta que el verdadero color de los templos es cualquier otro menos el blanco.



Es un pueblo pequeño, tan solo tiene cuatro escuelas, pero posee dos cantinas que vendrían a ser el pelo en la sopa, el Ministerio de Seguridad Pública considera que el índice de alcoholismo en Yayantique es alto, aunque para ser sincero no observé ningún “bolito” dormido en la cuneta como es costumbre; de hecho, los pobladores parecían muy tranquilos de pasar el día en las calles del pueblo, donde también es común ver una buena cantidad de perros durmiendo en la sombra de los árboles.
Se dice que hay una cueva llamada Culquinte en los alrededores en donde hay arte rupestre, lamentablemente la misión por la cual visité Yayantique no era etnográfica ni arqueológica así que no pude cerciorarme, es de regresar otro día y explorarla, el problema es el acceso, la calle de tierra va de mal a peor, es necesario usar un vehículo que pueda sortear las rocas del camino para llegar; pero después de todo, quizás esa lejanía y la dificultad de llegar es lo que mantiene al pueblo en una relativa paz, viviendo un idílico pasado.





Mapa de Google Maps de Yayantique



Ver mapa más grande

Sunday, November 28, 2010

La Jícara


En Mesoamérica el árbol de Jícaro o Morro (Crescentia alata) siempre ha sido considerado sagrado. En el Popol Vuh (segunda parte, capitulo dos)  narra que los señores del inframundo matan a Vucub-Hunahpú y a Hun-Hunahpú, a este ultimo lo decapitan.
Lleven la cabeza y pónganla en aquel árbol que esta sembrado en el camino dijeron los señores del inframundo, y habiendo ido a poner la cabeza en el árbol, al punto se cubrió de frutas que jamás habían fructificado antes de que pusieran entre sus ramas la cabeza de Hun_hunahpú. Y a esa jícara la llamamos hoy la cabeza de Hun-Hunahpú, que así se dice…
Hace notar que la Jícara es de gran importancia para la mitología de sociedades mesoamericanas, pero también posee un uso práctico,  podemos ver que sus frutos son utilizados en la cocina, en las manualidades  y en el arte; Por ejemplo, la jícara que siendo un fruto esférico con una cáscara dura, puede separarse y convertirse en un recipiente, llamado guacal. Asimismo puede servir para la elaboración de chinchines, maracas, cucharas, instrumentos musicales (la zambumba, la guarama y las ocarinas), puede ser usado como medicina contra el dolor de estomago y la diarrea, preparar horchata y utilizando medios modernos se puede extraer aceite, azúcar y etanol.

Hasta finales del siglo XX en Izalco se realizaba la elaboración de la jícara labrada, que comenzaba con la corta de la jícara un “once de luna” (once días después del aparecimiento visual de la luna posterior a la luna nueva), la cual con un vidrio o fragmento de obsidiana, un clavo o espinas de güiscoyol  se podía rayar la superficie del morro -previa preparación- y elaborar una variedad de imágenes artísticas que van desde animales, insectos, flores, plantas, etc.
En el museo del sitio de Joya de Cerén se encuentra un guacal de morro que fue recuperado por los arqueólogos de una de las estructuras que fueron sepultadas durante la explosión del Loma Caldera a mediados del período clásico (200 d.C. a 900 d.C.). Dicho guacal se observa que fue pintado tratándolo de adornar con figuras (imagen inferior).
 A finales del siglo XIX el investigador y etnógrafo alemán Carl Hartman le dio una especial importancia a la jícara, le pareció curioso un árbol con unos frutos esféricos que colgaban desde el tronco, sinceramente es una especie muy particular, típico de un clima tropical, el sitio arqueológico de Cihuatan, en el departamento de San Salvador, posee una numerosa población de arboles de Jícaras o morros.




Referencias:
Las Jícaras labradas de Izalco, por Jorge Alfredo Calvo, Revista Arte Popular Julio de 1977.
Museo de la Palabra y la Imagen, Memoria de los Izalcos 2006.