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Thursday, March 17, 2011

Sobre los reactores nucleares de Japón



Les paso el enlace de una traducción del Dr. Josef Oehmen, científico del MIT.  El artículo original ("Why I am not worried about Japan´s nuclear reactors) lo escribió hace unos días y fue publicado en el blog de Arturo Quirantes (quien también lo tradujo), profesor de Física de la Universidad de Granada, para que nos vayamos calmando con esto de la radiación de los reactores nucleares de Japón, y entender más o menos como es la cuestión de la energía atómica, también mitos que se han vuelto populares los últimos días; por ejemplo,  el miedo que los reactores van a explotar como bombas atómicas o algo así.
bueno, aqui en enlace:

Por qué no me preocupan los reactores de Japón

Monday, March 14, 2011

Japón: Ansiedades existenciales



Hemos vuelto a ser testigos de un desastre, en el 2004 observamos aterrados un tsunami en el Océano Indico, luego Haití y Chile cayeron presas de un terremoto, en febrero le tocó a Nueva Zelanda, en marzo fue el turno de China y ahora Japón.
Este último es uno de los países más educados del mundo en este tipo de desastres, el diseño de sus edificios, su población y sus autoridades hacen de la sociedad nipona la más preparada para enfrentar una catástrofe geológica; Sin embargo, el terremoto y el tsunami fueron tan violentos que prácticamente borraron del mapa a pueblos enteros del litoral noreste de Honshú, la isla principal del archipiélago.
Hemos quedado aterrados de ver una oscura pared de agua y lodo que llevaba consigo, carros, casas, granjas, barcos y cuanta cosa se le pusiera enfrente, la televisión y el internet informaron minuto a minuto lo que acontecía, y en ocasiones, veíamos espantados como vehículos que trataban de escapar –evidentemente conducidos por una persona- eran alcanzados por la oleaje y desparecían entre los escombros.
Todavía no dimensionamos la magnitud de la hecatombe, que se podría complicar a niveles nunca antes imaginados, sobre todo por que los reactores nucleares de la planta Fukushima han sido seriamente afectados por el terremoto, hasta el momento han ocurrido varias explosiones en el reactor que han hecho que el gobierno decrete una total evacuación en los alrededores de la central.
El miedo inicial siguió a una alarma global cuando los organismos internacionales advirtieron la posibilidad que el tsunami llegara a todas las costas del pacífico de los países americanos, y algunas islas de Oceanía, al parecer solo Ecuador, Chile y Hawaii tuvieron aumento en el nivel del mar que dañó algunas estructuras de playa, sin embargo la gente en todo el continente se alarmó.
El viernes el tsunami fue el tema del día, las opiniones del SNET (Servicio Nacional de Estudios Territoriales) fue lo de menos, la población comenzó a llamar a las radios, las opiniones religiosas fueron las más, incluso se leyeron salmos al aire, en una de esas un pastor evangélico dijo que los ciudadanos de El Salvador deberíamos de estar tranquilos pues es probado que la oración tiene un poder directo sobre los eventos naturales. Los perfiles del Facebook y las publicaciones del Twitter invitaban al ayuno y la oración para que el tsunami no nos afecte, y de paso pedir por los desafortunados japoneses que están sufriendo.
Ya sea por las razones que fueran, por la forma natural de nuestras playas, o por la posición que Centroamérica tuvo en relación al frente de onda, no nos afectó este tsunami, ya vendrán otros, así como han ocurrido en el pasado (hubo uno en 1902), tarde o temprano será nuestro turno. Para todos los que vivimos en el Cinturón de Fuego, sabemos un día nos llegará la catástrofe en forma de terremoto, ya le pasó a México en 1985, a El Salvador en 1986 y  2001, a Nicaragua en 1972, entre otros, es como estar con la cabeza bajo una guillotina.

Por otro lado, lo ocurrido en Japón (y los ejemplos anteriores) constituye una afrenta hacia las consideraciones religiosas en donde una deidad en particular tiene una relación personal con los mortales, digamos en otras palabras, que dios* nos cuida, por ello en estos momentos la gente se pregunta, ¿Adonde se encuentra dios cuando una pared de escombros se viene sobre ciudades matando mujeres, hombres, niños, niñas, perros, gatos, aves, cualquier tipo de animal, arrancando árboles desde la raíz?, da vértigo sentirse solo ante una naturaleza que no tiene sentimientos, que posee sus propias dinámicas y no entiende de nuestros problemas, sueños o miedos.
Claro, los religiosos, sean sacerdotes o pastores tienen una respuesta, algunos no se complican diciendo que los caminos de dios son misteriosos y que no hay forma que le entendamos sus extrañas decisiones, además no somos quienes estar preguntando los motivos divinos de matar a tanta gente.
Por el contrario otros religiosos indican que dentro de la desgracia hay espacio para ver el rostro divino y su infinita sabiduría y amor que le tiene a esta raza de monos lampiños; o sea nosotros, pues él nos creó con el único objetivo de alabarlo.
Cada persona maneja la religiosidad con la cual se sienta más cómodo, la religión tiene una función de cohesión y legitimización social, da cierto “sentido” al maremágnum de eventos que nos rodea. Como dijo Emile Durkheim, la religión es un “estado anímico colectivo” que juega entre oposiciones, entre el individuo (profano) y la sociedad (sagrado), las deidades son apenas el reflejo de la misma sociedad “transfigurada y pensada simbólicamente” (Lucien Lévy-Bruhl) y con ello nos entendemos ante la naturaleza.
Por eso las hecatombes no solo destruyen edificios y matan personas, sino también sacuden religiosidades, pues en el fondo, en el interior de cada uno de los que compartimos la visión judeo-cristiana de la providencia repta la duda, aunque no la queramos ver, y la sofoquemos entre ritos, cantos, lecturas y la neguemos del diente al labio, tarde o temprano aparecerá. Es crítico porque la duda es terminal para la mentalidad religiosa, la carcome, la socava y si no se controla o se niega puede llegar a destruir esa convicción personal que llamamos fe.
Porque veamos, es un hecho objetivo es que la gente que esta atrapada en las azoteas de edificios en Japón y que están rodeados de agua son rescatadas por helicópteros utilizando un enorme cable de acero, o nylon y no por un ángel alado enviado por una divinidad. Sino hubiera helicóptero, la gente moriría indudablemente, así que se requiere una acción humana solidaria el ser rescatado. Si queremos mantener un perfil mitológico hay que comenzar a pensar que el helicóptero y el rescatista es de alguna forma una metáfora de un ángel, pero esas ya son interpretaciones al extremo ante una realidad demoledora.
En cualquier caso, cada cabeza es un mundo, algunos les va mejor no pensar, pues estos eventos nos dejan un vacío existencial, al enterarnos que sea como sea, algunos pueden caer en cuenta que en el fondo estamos a la buena de dios,
o mejor dicho, simplemente a la buena.


* El uso de minúscula es adrede.

Thursday, January 14, 2010

El caso de Haití: Desastres naturales, Vulnerabilidades sociales

Lo ocurrido en Haití es un desastre natural de proporciones inimaginables, hasta el momento de escribir estas líneas no se cuenta con un número de víctimas; ni siquiera aproximado, los medios de comunicación internacional discuten si las víctimas mortales alcanzan o sobrepasan las 100,000 personas.
El drama que en estos momentos vive esta república caribeña fue ocasionado por un evento natural, pero condimentado por décadas de malos manejos gubernamentales, despilfarro de dinero, una clase política corrupta que nunca dio signos de seriedad ni de institucionalidad. Podríamos catalogar al Estado de Haití como un Estado fallido, desde el punto de vista de un ciudadano común y corriente, no existen las instituciones que deberían de velar por su seguridad, su educación y su salud, quizás lo poco que había se lo llevó la hecatombe.
En mi vida he sufrido tres terremotos, puedo asegurar que son espantosos eventos naturales, suceden sin previo aviso y la energía liberada puede generar movimientos de la tierra realmente violentos. Aparte de toda la destrucción y muerte que he sido testigo, por algún motivo recuerdo el sonido premonitorio al terremoto del 13 de enero del 2001 ocurrido en El Salvador. En esa ocasión escuché un discreto sonido antes de comenzar el sismo, muy parecido a un lejano motor a reacción que se aproximaba, alguna personas han relatado haber escuchado sonidos similares antes de los terremotos, es un eco que al recordarlo pone los nervios de punta.
Los terremotos marcan épocas y trastocan la historia de sociedades enteras, recordemos que la ciudad de Guatemala –La Nueva Guatemala de la Asunción- tiene su sitio actual debido a los terremotos que sufriera Antigua Guatemala a finales del siglo XVIII. Pero también los terremotos se vuelven íntimos cuando marcan la historia personal de las víctimas, cuando fallece un amigo, un conocido o un familiar cercano. Mi propia historia familiar se encuentra alterada por un terremoto que ocurrió en la zona oriental de El Salvador en mayo de 1951; muchos años antes que yo naciera, marcó un antes y un después en mi familia, esa desgracia generó tantos diferentes eventos históricos que de no haber ocurrido, mi familia no se hubiera mudado a San Salvador y mi madre no hubiera conocido a mi padre y yo no existiera, mi existencia es producto indirecto de ese evento telúrico.
Los terremotos son eventos imposibles de contener, ocurren y seguirán ocurriendo, no hay forma de anticipar cuando o donde sucederán. Estamos a merced de ellos, pero el hecho que una sociedad sea más o menos vulnerable no ocurre por voluntad divina (como algunos se empeñan en creer) sino es pura responsabilidad humana.
Las sociedades más vulnerables, donde las instituciones fallan, donde es imposible curarse una herida por que el Estado no abastece de medicamento a los hospitales, o donde los edificios y casas no están asegurados por estrictas medidas de construcción son las que terminan más afectadas. Tristemente lo ocurrido en Haití es prueba de ello, nos hemos encontrado que uno de los eventos más destructivos de la naturaleza ha ocurrido en el lugar menos idóneo para suceder, de haber pasado en Japón, seguramente lamentaríamos la muerte de algunas decenas o incluso cientos de familias, pero es seguro que la sociedad japonesa se encuentra menos vulnerable a estos eventos que la haitiana, en Japón hay hospitales, medicamentos, helicópteros ambulancia, bomberos y el gobierno funciona de manera tal que la respuesta del Estado es relativamente inmediata.
En Puerto Príncipe –como en muchísimos sitios de nuestra América Latina- la débil institucionalidad y los pocos recursos imposibilitan a las instituciones funcionar, atender a los heridos, o buscar a las víctimas atrapadas en casas o edificios derrumbados. Hay problemas con mantener el orden y seguridad, ya precarias de por sí, en este momento los cables internacionales cuentan que hay conatos de anarquía, la comunidad internacional debe de tener en cuenta que la seguridad de los cuerpos de socorro y la de los propios haitianos es un punto fundamental en el éxito de las misiones.
El terremoto de Haití será recordado por generaciones, así como el de Managua en 1972, que está tan fresco en la memoria colectiva de los nicaragüenses que parece que hubiera ocurrido el año pasado; a tal punto, que en los casi 40 años que tiene el terremoto, hay zonas en Managua que aun no se han reconstruido. Cuando el visitante pregunta por tal o cual edificio o terreno baldío, la típica excusa del nica es “el terremoto lo botó…”, ningún gobierno ha hecho mucho en darnos una Managua moderna, limpia y funcional, en cambio han hecho piñata con el dinero del pueblo y de las ayudas extranjeras. Algo que hay que tener en cuenta en Haití, las ayudas deben de ser observadas a detalle y altamente supervisadas. En el caso salvadoreño, durante los terremotos que han azotado al país mucho del apoyo financiero internacional terminó donde menos se necesitan, generalmente en bolsillos de políticos corruptos o contratistas amañados, mientras que los más afectados seguían viviendo en la intemperie.
Haití está en problemas, una república que históricamente nos dio cátedra de americanismo al ser el segundo país en independizarse de Europa y el primero en la historia en romper con el anquilosado sistema esclavista, ahora llora su desgracia, perpetrada por un destructivo terremoto pero acrecentada al extremo por un Estado corrompido.
También lloramos con ellos.

Publicado en periódico Long Island al Día